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Identidad y poesía en la región del Maule

Ensayos

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Identidad y poesía en la región del Maule
Bernardo González Koppmann

“El agua sabe todos mis secretos”

(Gastón Bachelard)

 

 

1.- La aldea global: ¿mito o realidad?

Estamos totalmente de acuerdo en lo referente a las ventajas de la globalización, facilitada sobremanera por adelantos formidables como la TV cable, el fax y el Internet, entre otros. Gracias a este progreso, estamos al día de lo que ocurre en diferentes puntos del planeta y nos documentamos de datos y anécdotas precisas de grandes personajes y civilizaciones de diversas épocas de la historia universal.

La post modernidad nos invita, así, a integrarnos a este circuito internacional para que hagamos nuestro aporte y, a la vez, recibamos otro tanto en aspectos que van desde ideas y tendencias filosóficas hasta un posible integrismo de mercados de las más disímiles tendencias político económicas, significando esto un sinfín de compraventas de artículos y novedades casi siempre inútiles. El mundo se empequeñece puesto que todo, aparentemente, está al alcance de la mano; además, el "efecto demostración" provoca una verdadera revolución en la consabida pasividad y costumbres ancestrales de las culturas rurales, modificándose motivaciones vitales, utopías y expectativas de vida, ya sea profundizando o desperfilando el sentido de pertenencia al terrón natal. Nos enajenamos. Nos hacemos superficiales. Nos dejamos embaucar por cualquiera que impresione bien, y para no ser menos abrimos créditos, pedimos préstamos, conseguimos avales y nos subimos al carro del arribismo rumbo a un éxito que nunca llegará en la medida que no sepamos quienes somos.

Esta situación plantea interrogantes fundamentales, las que debiéramos resolver antes de entrar a negociar con potencias mundiales. Es necesario buscar un fortalecimiento interno en los modos de producción, ya sean servicios o bienes de la agroindustria, la minería y, especialmente, la cultura, para lograr un desarrollo armónico; de lo contrario obtendremos un mero crecimiento espontáneo, multiplicando una secuela de conflictos y conductas equivocadas tales como delincuencia, drogadicción, consumismo, violencia, nihilismo y otras, dado que los jóvenes - población mayoritaria en Latinoamérica - no encuentran espacios suficientes para construir sus sueños y se ven frustrados y marginados por un sector que maneja sólo guarismos estadísticos y no atiende al clamor de la música, el cine y la poesía, indispensables para crecer como personas.

Por eso, si queremos ingresar a círculos de intercambio internacional debemos hacerlo con prestancia y dignidad, en términos de equidad e independencia al momento de tomar decisiones, tasar productos, proponer estrategias, y no continuar, como hasta ahora, con oscuras maniobras que obedecen más a componendas, granjerías o represalias del "socio" principal.

Mis dudas aumentan cuando reflexiono en las desventajas que representa el canje económico para los países monoproductores, que por lo general liquidan sus productos en verde para hacer divisas en forma precipitada y a como de lugar.

Dentro de este panorama incierto e impredecible, lo más sensato sería revitalizar y elaborar nuestros propios procesos productivos, formativos y valóricos, que vengan a enriquecer nuestra personalidad o carácter regional. Así las cosas, el arte, la educación y la cultura en general, tendrían mucho que aportar en la configuración de una identidad definida, humanizada, pluralista, que nos permita incorporar sin complejos la tecnología aplicada a nuestras necesidades y no a los apetitos del mercado internacional. La caridad comienza por casa.

Conocida es la profecía de Einstein, quien dijo: "No sé de qué modo será la tercera guerra; pero creo saber como se desarrollará la cuarta. Con palos y piedras". Ciertamente se refería al uso criminal que las potencias han dado a sus descubrimientos de la química atómica. Evitemos más desastres distorsionando los aportes de la ciencia con fines espurios, y para ello empecemos por mirarnos hacia adentro para no caer en los mismos errores de los países líderes, que han logrado su aparente prosperidad excluyendo la fraternidad, la belleza y la sabiduría.

2.- Sobre el ser maulino

"Para mí, el verdadero dormir y crear sólo pueden hacerse sobre el terrón materno, en ese hueco que nos dejan los muertos de nuestra raza". Estas palabras corresponden a Efraín Barquero, oriundo de Teno, y nos vienen como anillo al dedo para conversar sobre el ser maulino.

Cada región tiene sus propias características culturales, lo cual define su personalidad, manera de ser o identidad. Cuando una comunidad o nación pierde sus raíces históricas y asume modos de relaciones superficiales la calidad de vida se empobrece, tanto material como espiritualmente. Un pueblo sin raíces es un pobre pueblo; insípido.

Los maulinos debemos con urgencia potenciar nuestras tradiciones sedimentarias, obviamente sin cegarnos a aquellos artículos que puedan facilitarnos las formas de producción, puesto que del éxito de la economía dependerá la carga reflexiva del ocio excedente; pero el sistema neoliberal en boga sólo deprada recursos renovables y no renovables, impone relaciones laborales despersonalizadas, distribuye mal las utilidades y provoca un quiebre en el equilibrio ecológico destruyendo milenarias interpretaciones cósmicas y comunitarias de los habitantes originarios de los territorios que invade.

En este contexto, la producción artística sufre el mismo fenómeno; publica, pinta, toca, actúa sólo quien se autofinancia. El Estado no apoya ni subsidia la creatividad, salvo a través de fondos y proyectos en su mayoría efímeros que no se consolidan como política cultural del gobierno de turno. Para qué hablar del sector privado que utiliza el arte como engaño publicitario o para ornamentar las frías dependencias de sus empresas inhumanas.

¿Qué factores posibilitan un auténtico y original arte maulino?

En primer lugar, el sesgo rural de nuestras costumbres; tenemos ciudades y caseríos semicampesinos con sectores agrícolas definidos, en franca actividad marcadamente artesanal. La ruralidad no es signo de atraso ni subdesarrollo; las sociedades maduras las valoran y cuidan como una verdadera reserva natural y ética, logrando en ocasiones el surgimiento de civilizaciones sorprendentes.

En segundo término, contamos con un lenguaje concreto; ya sea oral, escrito, plástico, visual, gestual o acústico. Predomina en nuestra comunicación un notable rasgo figurativo, con manifestaciones y expresiones populares fáciles de decodificar, a la vez simples y profundas porque encierran la sabiduría de la tierra.

Esta impronta también es una inmensa riqueza, puesto que los movimientos y modas filosóficas y estéticas aún no han deteriorado nuestro genuino arte primitivo, autóctono, vernacular, ni tampoco a los poetas más identificados con estas intemperies, los cuales resistieron (y resistiremos) los embates de la modernidad. Estamos afincados por estos lares fuertemente al útero maucho, al entorno, al paisaje y a sus elementos constitutivos, especialmente al agua, donde el motivo del río Maule es recurrente en poetas como González Bastías, Emma Jauch, el mismo Efraín Barquero y Mesa Seco, entre otros.

En estas dos vertientes debemos beber los maulinos para no perder el rumbo y entender realmente quienes somos. En la "ruralidad" y en lo "concreto" de su expresividad, para elaborar con ellos signos y símbolos universales que vengan a conformar una identidad que, hoy por hoy, padece de contaminación y anemia, muestra indesmentible de miseria cultural.

Cuando logremos rescatar y valorar las auténticas voces de nuestros artesanos y por toda la región se propague, insistimos, la íntima y cósmica sabiduría de la tierra, podremos decir que la maulinidad no es un mito. Casi nada.

3.- Río Maule y poesía

En el sorprendente universo maulino tal vez uno de los rasgos esenciales que contribuyen a potenciar su identidad, es la particular calidad de las voces poéticas que la sueñan, la plasman y la proyectan como zona literaria preponderante del país, junto al árido Norte Chico y la indómita Araucanía; también, pero en menor medida, habría que destacar a las regiones del Bío-Bío y al sur Magallánico perdido en los confines del mundo. Aunque siempre será válido reconocer el silogismo cristiano que asevera "el espíritu sopla donde quiere", abriendo la posibilidad a que surjan nombres válidos en los lugares más insospechados.

Por algunas misteriosas razones de índoles geográficas, históricas o sicológicas, el maulino siempre ha destacado en el concierto literario nacional. Valga mencionar aquí a Pedro Antonio González, Jorge González Bastías, Max Jara, Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Eduardo Anguita, Jorge Gómez Correa y Efraín Barquero, entre otros, para dar muestra cabal de una disciplina que ha proporcionado a nuestra zona cuatro premios nacionales y un premio Nobel, todos en el género poesía.

Se ha considerado por algunos estudiosos al río Maule y a su influjo mítico y aglutinador como elemento primordial en la configuración de nuestra personalidad poética. Río legendario, límite sur del imperio inca y de la primera avanzada colonial hispana, lugar de obrajes rurales y artesanales donde la palabra escrita debió constituirse desde temprano en documento precioso por lo escaso del papel y lo distante de los centros urbanos, ahí donde se mercadeaba el alma y sus derivados. Recuerdo al paso y en otro contexto que algunos fragmentos de La Araucana se escribieron bajo estos cielos en retazos de cuero o cortezas disecadas de árboles nativos. Manuel Francisco Mesa Seco nos dejó estas bellas reflexiones: "Al parecer el río de la nieblas, como en toda creación, se ha ido transformando en un río de luz… En un tiempo fue la frontera del país naciente. Para el inca, el descubridor, el conquistador y el revolucionario de la Independencia, el Maule era un índice: hasta allí llegaba un camino; ahí empezaba un nuevo umbral. El Maule era eso. Lo conocido y lo por conocer; lo conquistado y el devenir; lo permanente y lo inestable". El símbolo mayor del "río amado" que atraviesa estas "tierras pobres" es, sin duda, el falucho y su guanay, certera imagen que expresa a plenitud el genio creador del costino maucho.

Obviamente, Arnold Toynbee al visitar el país en 1966 encontró un río distinto al mítico, decepcionante, enfermo de muerte, más parecido al estuario que cantara en su tierra natal Elicura Chiuhailaf ("Donde nace una ciudad muere un río"). Mas, aún así es válida la tesis de Mesa Seco en el sentido que la tradición decimonónica y, en especial, la poesía de la primera mitad del siglo veinte, otorgan jerarquía al Maule como región literaria.

Esa condición de ser marginal, creo, sigue detonando en las actuales generaciones hoy cuando un sistema macroeconómico neoliberal y globalizador pretende que los campesinos y pescadores ribereños de la comarca compitan con los grandes centros del mundo financiero, en una hipócrita política de intercambio comercial supuestamente solidaria e informada. Los gobernantes concertacionistas en Chile se han sumado a este carnaval de ofertas y demandas, hipotecando paisajes, etnias y utopías, arrastrando ingenuamente al país - y al Maule en particular - como una zona potencialmente turística, donde se ha propuesto sin tapujos que sería buen negocio vender la imagen y el prestigio de Pablo Neruda como gancho comercial para luego exhibir, bajo su innegable poder de convocatoria, los productos primorosos de nuestra modernizada agricultura.

Los poetas ante tales despliegues publicitarios de la poesía como señuelo o trampa más que como forma de vida, perseveran por mantener una esquiva identidad que tanto ha costado mantener y acrecentar contra vientos y mareas. Persisten en decantar el ser maulino; la sabiduría de las costumbres maceradas por terremotos junto a abundantes cosechas, dialéctica contumaz que se va adosando como sedimento fundacional de nuestro ethos, en el sentido transfigurador de lo precario, de lo fugaz, de lo alado y transitorio que lentamente va adquiriendo condición de sensual, fecundo y generoso, es decir, permanente, en las arterias subterráneas de sus valles antes inhóspitos. Así la poesía, como fruto del país, no se transa en el mercado burdo de las vanidades y se yergue como suma inédita de lo telúrico y metafísico, como voz preciosa del pueblo que la habita.

4.- La impronta de la poesía maulina en el concierto nacional

Con un premio Nobel y cuatro premios nacionales de literatura, todos en el género poesía, amén de otros reconocimientos no menos significativos, nuestra creación se instala por derecho propio entre las producciones más señeras de la lírica nacional. En un país donde existen destacados y abundantes poetas, originales creadores, fundadores de estilos, escuelas, corrientes y propuestas estéticas de relevante influjo universal (léase creacionismo, antipoesía, larismo, etc.) nuestros representantes regionales han marcado fuerte presencia en el desarrollo histórico de la poesía chilena.

Si pudiéramos revisar los nombre más sustantivos y esenciales de la poesía maulina, sin duda que tendríamos un amplio muestrario para confirmar la aseveración del párrafo anterior.

Pedro Antonio González, romántico y modernista por ritmo y motivos, inaugura esta galería, dándole el vamos no sólo a la poesía maulina sino, en rigor, a la literatura nacional. Fue el poeta de mayor relevancia en el país durante la primera década del siglo pasado, sacando nuestro incipiente quehacer literario de la modorra colonial en la cual vegetó inocentemente durante tantos años.

Jorge González Bastías, Jerónimo Lagos Lisboa y Max Jara, representantes del mundonovismo hispanoamericano, cultivan un estilo leve y sincero; son considerados por la crítica de la época como prototipos de intelectuales espontáneos y contemplativos. De versos íntimos y profundos, se constituyeron en importantes referentes de la poesía de tono menor en el panorama de entonces y, sorprendentemente, se mantienen incólumes hasta nuestros días.

Lamentable resulta el caso de dos nombres que abandonan en forma prematura la existencia dejando obras que se erguían promisorias y venturosas; nos referimos a Raimundo Echeverría y Joaquín Cifuentes, que fallecen a los 25 y 29 años respectivamente.

Figuras inconmensurables en la lírica universal moderna, como De Rokha y Neruda, consolidan esta tradición que ahora rescatamos otorgándole una resonancia telúrica, social y holística primordial a la poesía maulina. Es inoficioso hablar de la importancia de estos autores, por obvio y reiterativo. Pero son nuestros y hay que mencionarlos, aunque la presencia tutelar de ambos en los sedimentos de la lengua madre, a veces, nos abisme y abrume por su terrible belleza, contenido y extensión.

El grupo Mandrágora, oriundo de Talca, fue otro hito fundamental en el desarrollo de nuestras letras; corriente onírica que también logró repercusiones insospechadas. Difusores acérrimos del surrealismo, agitadores continentales de una forma de ver, hacer, sentir y soñar tanto la existencia como el arte, Gómez Correa y, en cierta medida, Omar Cáceres dejaron una huella indeleble en la poesía del Maule. Dentro de este movimiento debemos incluir obligadamente al huidobriano Eduardo Anguita, de síntesis y propuesta innovadora derivada del creacionismo, inmerso en el devenir dialéctico del lenguaje poético como expresión superior del idioma.

Stella Corvalán es el caso de una talquina errante que recorre su propia senda con argumentos manidos y tradicionales, pero de un fervor tan natural y sensitivo que logra conmover - por su porfía - con textos sólidos, plenamente logrados. Aún falta, estimamos, un estudio exhaustivo que haga justicia a esta autora.

Esencial en Chile y América en la segunda mitad del siglo pasado, que contribuye con Jorge Teillier a la formulación y materialización de la poesía lárica, es Efraín Barquero. Creador nato, sólido, maduro, consecuente hasta la médula, plasmó un entrañable universo maulino que ha trascendido la temporalidad del pragmatismo vulgar y se inserta dentro de los poetas fundamentales. Agusto Santelices, Emma Jauch, Edilberto Domarchi, Manuel Francisco Mesa Seco, Rubén Campos Aragón y Miguel Moreno Monroy continúan y desarrollan otros matices de esta propuesta que dignifica a los seres y las gentes del Maule, aportando a esta tradición textos verdaderamente notables.

Sin duda, Fernando Quilodrán incorpora elementos de poesía social, vastamente cultivada por autores de la región, y Matías Rafide nos remite a la palabra hermética, sugerente y lacónica. Ambos escritores, oriundos de Curepto, han contribuido con su esfuerzo y entrega - desde distintas perspectivas lingüísticas - al desarrollo de las letras maulinas.

Naín Nómez, integrante de la llamada Escuela de Santiago, logra desarrollar una propuesta estética más experimental al momento de sobrevenir el golpe de Estado de 1973; poética existencialista, urbana y versicular que va a madurar en el exilio.

Enrique Villablanca es el paradigma del poeta olvidado, humilde, obtuso y consecuente que desde la provincia cultiva un verso con tal sapiencia y rigurosidad que sorprenderá al lector más desprevenido. Su muerte prematura nos ha privado de un talento crítico que pocas veces se volverá a dar en la región.

La última promoción de poetas maulinos, que podríamos situar entre el fallecido Enrique Villablanca y los promisorios Mario Meléndez y Felipe Moncada, continúa marcando presencia nacional con aportes sustanciales. ¿Cuáles serían tales aportes? Englobando en su conjunto esta producción lírica - que es un requerimiento básico para hablar de cultura -, estos genuinos creadores han visto desde los márgenes de la civilización del estrés la vacuidad, cuando no estupidez, de una forma de vida contemporánea que no satisface en lo más mínimo las necesidades íntimas y materiales del ser humano. Han contemplado el desquiciamiento de sueños y utopías en afanes superfluos y baladíes, cuestionan vitalmente a los ciudadanos light inmersos en un consumismo vulgar, egoísta y miserable, ajenos a todo gesto fraterno con aquello que se nos presente pequeño y mágico, íntimo y esplendoroso; denuncian a esos tristes sujetos elementales ahítos en su opulencia huera, pero ayunos de la más mínima decencia, sin memoria emotiva ni sentimientos nobles para reparar entre una baratija y un sortilegio, entre un grito y un susurro.

Los novísimos han logrado recoger y proyectar la herencia lírica de los autores precedentes, congregando en la región la expresión de distintas voces (existencialista, lárica, vernacular, social, simbolista, hermética, etc.). Lo anterior viene a potenciar al Maule profundo, a la maulinidad, como una reserva de la genuina poesía hecha al amparo de lecturas clásicas y modernas; refugio del fervor, del entusiasmo, de la imaginación y de un paisaje rústico y generoso lleno de leyendas, costumbres, astros, ríos, pájaros, rostros amados y hondos pesares: "La tarde en el Maule baña/ su belleza pensativa".

Con esta breve sinopsis podemos percatarnos que la validez y vigencia de muchos de nuestros creadores es innegable, necesaria e imprescindible para entender la presencia, influjo y permanencia de la poesía chilena en la configuración de la actual lengua castellana y, por ende, universal. Esperamos sinceramente que, en un futuro cercano, los poetas emergentes confirmen y prolonguen con nuevos textos este devenir histórico de las letras maulinas.






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 Referencia
Bernardo González Koppmann.  "Identidad y poesía en la región del Maule."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas de América.   12 de enero de 2006.
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