Cantos del Bastón 
 
 Actas
 
 Poesía
 Castellano
 Français
 Italiano
 
 Ensayos
 
 Crónicas
 
 Crítica
 
 Notas
 
 Biografía
 
 Bibliografía

Página Anterior Página Principal 251 Lecturas ,  11 lectores(as) en línea Buscar Archivo Correo del lector
Ensayos
Disgresión sobre la temática del bosque a partir de "Los cuentos de Ariadna y otros poemas"
Jorge González Bastías, fundador de la maulinidad
Valericio Leppe, cantor por sabiduría
Aproximaciones al paisaje íntimo en la poesía de Edgardo Alarcón
"La compañera" de Efraín Barquero
Las remembranzas de Emma Jauch
Los "Presagios" de Matías Rafide
Identidad y poesía en la región del Maule
La poesía intransigente de Enrique Villablanca

Ensayos

Versión impresora


Aproximaciones al paisaje íntimo en la poesía de Edgardo Alarcón
Bernardo González Koppmann

Estimado público:

 

Agradezco la deferencia que ha tenido conmigo EAR al invitarme a presentar su última obra en esta Feria del Libro de la Universidad de Talca que hoy se inaugura. Gracias compañero poeta por su delicadeza. Se trata del libro Jarrón con lirios secos y otras acuarelas, publicado por Ediciones Chequenlemu de Curicó, y recién salido de imprenta el 15 de agosto del 2008.

 

Intentaré, someramente, hacer una semblanza más bien emotiva que racional o cronológica de su interesante trayectoria como escritor. Dejaremos luego al poeta para que nos converse sobre los misterios de su poesía y nos lea los hermanos versos que él estime conveniente.

 

Hablar de EA - quien nace en Sauzal en 1960 y reside actualmente en Curicó - resulta particularmente agradable para mí dada la larga amistad que nos une y también debido a las extraordinarias cualidades personales y literarias que posee.

 

Nos conocimos en Curicó en el año 1986, si mal no recuerdo, en un encuentro de escritores organizado por la UCM donde asistieron, entre otros, Stella Corvalán, Emma Jauch, Manuel Francisco Mesa Seco, Edilberto Domarchi, Enrique Villablanca, Pedro Olmos, Matías Rafide y muchos participantes más, quienes nos reunimos en esa oportunidad para revisar la producción de las últimas décadas y proyectar el futuro de las letras del Maule. Como fruto de tal encuentro, y como efecto de sus conclusiones y propuestas, se organizó un concurso de poesía que fue ganado por Isabel Gómez, notable poeta de Curicó; a mí me correspondió el segundo lugar y el tercer lugar lo obtuvo E.

 

Creo no andar muy lejos de la verdad si les confidencio que fue en el marco de esas jornadas curicanas que se vislumbró ya la idea de realizar los memorables congresos de escritores de Huilquilemu, que se efectuarían con tanto éxito en la década del 90, comandados con sapiencia, humor y sabiduría por la inolvidable Emma Jauch, aquelarres que dejaron una impronta perdurable en muchos poetas y escritores maulinos que por entonces estrechamos esos vínculos de amistad que de otra manera nunca se habrían concretado.

 

Recuerdo las conferencias de Guillermo Blanco, por ejemplo; la presencia de Oscar Bustamante con su texto recién estrenado por entonces Asesinato en la cancha de afuera, ambientado en Santa Rosa de Lavadero; la donación de los manuscritos de las cartas de amor de Mariano Latorre al Fondo Literario Manuel Francisco Mesa Seco; documentos maravillosos que aún esperan ver, ojalá pronto, la luz del día para solaz y esparcimiento de los admiradores del autor de Zurzulita. En aquellos fructíferos y fraternos congresos de escritores maulinos de Huilquilemu compartimos también con Fernando Quilodrán, Juan Mihovilovch, Juan Antonio Massone, con Naín Nómez disertando sobre un volcán llamado Pablo de Rokha; con la viuda de Augusto Santelices, quien nos legó un memorable y lúdico poema dedicado a La botella, y con tantos otros amigos que hemos vuelto a ver o leer en más de alguna publicación, diario o revista que de tarde en tarde llegan a nuestras manos de provinciano empedernido En el contexto de esas reuniones viajamos a la casa del Abate JIM en Huaraculén; también a Yerbas Buenas, tierra natal de Max Jara y Eduardo Anguita. En Constitución visitamos la tumba de Mesa Seco y se hicieron ponencias sobre Efraín Barquero, premio nacional de literatura 2008, quien para ventura de la poesía del río amado - como lo definiera JGB - escribió sus memorables poemarios La piedra del pueblo, La compañera y Enjambre sobre los seres y las cosas de nuestra identidad campesina pobre, humilde, franciscana de la Región del Maule.

 

EA era por entonces un joven poeta que ya se vislumbraba como la promesa que en los últimos años se ha consolidado con prestancia y holgura; referente indiscutido en la actual escena literaria maulina. Desde esos instantes nos une una fraternidad muy estrecha, porque he visto especialmente en él seriedad, responsabilidad y honestidad con la palabra escrita, con la palabra poética, con la poesía y con este incomprendido oficio de escribir para cada vez más escasos lectores que intentan escapar de las crueles tentaciones de la modernidad. Por esa época que hemos venido recordando, EA publica su primer libro de poemas titulado Escritos en la arena (en 1991, para ser más precisos) y, muy posteriormente, 10 años después, publicaría su segundo trabajo, Libertad en vuelo (en el 2001) tras un largo silencio asumido casi como un auto exilio interno que lo aleja de la farándula de la actividad literaria superficial; sin embargo de tamaña ausencia, para fortuna nuestra, ha retornado en los últimos años, con logros notables que lo han catapultado como uno de los poetas más importante del centro sur de Chile. Baste decir que en esa década silenciosa, de mutismo extremo, sin ediciones ni apariciones públicas, EA además de leer toda la poesía que cayó en sus manos y de ganar incontables concursos literarios a lo largo y ancho de Chile - a saber, el Javiera Carrera de Valparaíso, el Oscar Castro de Rancagua, el Ciudad de San Felipe, el Andrés Sabella de Antofagasta e, incluso un segundo lugar en la primera versión del Stella Corvalán de esta ciudad de Talca, fuera de otros merecidos galardones que por ahora no menciono -, además, digo, y aparte de toda esta anónima actividad de escritor contreñido, A estudia una exigente carrera profesional y se titula de cirujano dentista, doctorándose posteriormente en ortodoncia por la U de Concepción - fuera de haberse recibido ya anteriormente de matrón por esta U de Talca que hoy nos cobija.

 

El espíritu emprendedor que ha despertado en EA después de un largo mutismo, se manifiesta en plenitud en el 2006 al publicar su tercer libro, Cantos de tierra, el cual resulta ser para el poeta un libro suertudo (como solía decir la tía Emma, cuando un trabajo literario tenía favorable acogida en la crítica especializada), puesto que es galardonado en muy buena lid por la Academia Chilena de la Lengua, para alegría de todos los amantes de las letras y de las artes del Maule y del país, como el mejor poemario editado ese año en Chile.

 

En virtud de sus tantos méritos personales y literarios y a sus justos premios y reconocimientos que ya se venían haciendo sana costumbre en él, esta institución, recientemente en el pasado mes de septiembre del 2008, lo acaba de nombrar Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua por la vecina y querida ciudad de Curicó.

 

Bueno; creo estar, sin duda, en presencia de un verdadero poeta, quien todavía nos dará muchas obras de innegable hermosura dado el talento y la disciplina de espartano que despliega en su quehacer artístico.

 

Curiosamente las tres obras mencionadas - Escritos en la arena, Libertad en vuelo y Cantos de tierra -, más este texto que presentamos hoy, coinciden en el número de poemas que ellos congregan: 33. Número de innegable influjo cabalístico. Y me ha confidenciado E en más de una ocasión que 33 será también la cantidad total de sus publicaciones. Esperamos tener larga vida y larga vista para leer obra de tal envergadura.

 

Sobre su propuesta estética quisiera decir, en este lento atardecer talquino, que EA persevera en escribir, en poetizar, sobre coordenadas telúricas y metafísicas con las que ha ido creando vínculos estrechos y perdurables en sus permanentes viajes por las costumbres de sus antepasados y por los sueños terrestres que lo van deslumbrando. El poeta no improvisa su paisaje íntimo; lo humaniza, lo ha hecho suyo en un indisoluble diálogo con los espíritus y ánimas de las cosas que alguna vez los paisanos de los caseríos de barro hemos usado para encontrar una sonrisa, una mirada o una palabra en lo más duro del camino. Tiempo atrás anoté al pasar ciertas reflexiones en torno a la poesía de EA en un ensayito que debe andar por ahí. Cito: “Siempre he pensado que toda obra de arte intenta equilibrar estéticamente las impresiones del asombro primero - experiencia infusa la llamaron los místicos - con los elementos psíquicos que incorpora la capacidad racional del sujeto que crea. Así mismo, creo entender que la palabra que navega en la voz del poeta acumula en sus antros resonancias telúricas y cósmicas profundamente arraigadas a las necesidades vitales de los seres humanos. He aquí, entonces, la razón fundamental de ser del poeta: hacerse palabra en las vísceras primigenias de lo bello - esos pueblos con alma, historia y utopías - en la fecunda desnudez de la escritura”.

 

La poesía de EA tiene el encanto de las cosas verdaderas. Los motivos más frecuentes en la materialización de sus poemas son el paso fugaz del tiempo; la contemplación simultánea de lo íntimo encarnándose en la realidad circundante, la ambivalencia que encierran los objetos y las cosas cotidianas (cuerpo) en la elaboración de sus hallazgos metafísicos (alma); la eternidad, la paz, el refugio del paraíso ya no perdido, si no reencontrado como recompensa de un tránsito apocalíptico impostergable del dolor a la epifanía. Su estilo emerge, de esta forma, como fruto paciente de una construcción de símbolos que expresan tanto lo incorporal como la plasticidad de los elementos - agua, fuego, tierra, viento  - en su versión rural, cotidiana, maulina, capturando el rostro de las siluetas camperas hasta entonces indefinidas, por lo tanto inexistentes, a-históricas, que deambulaban por su imaginario, con certeras y sencillas pinceladas de tenues tonalidades, sugerentes acuarelas, que poco a poco se van precisando, concretando, en algo así como una manera propia y única de ser, de estar, de sentir. De tal modo y con tal tesón nos lega una macerada identidad cultural que ya no se desperfilará en el comercio de influencias de esta aldea demasiado global, impúdica, vulgar y grosera que hoy por hoy habitamos.

 

Dejemos que el tiempo desmienta o confirme estas meditaciones que hacemos al calor de la amistad y la emoción que nos provoca la lectura de estos versos.

 

En otra faceta de su vasta personalidad literaria digamos que EA también escribe en el Diario La Prensa de Curicó. Es, cito de la contratapa del libro que presentamos, “un activo difusor de la poesía chilena y universal. En sus artículos ha destacado la obra de J R Jiménez, Miguel Arteche, Cesare Pavese, Jerónimo Lagos Lisboa, Fray Tomas de Kempis, E Villablanca, José Martí y J González Bastías, entre otros. Su pluma en los comentarios que escribe rescata la luz interior de la poesía”. Tarea bastante difícil, por lo demás.

 

Agreguemos, ya como último antecedente para no alargar en demasía este monólogo, que su quehacer literario no se reduce sólo al arte de leer y escribir buena poesía. Cito: “Junto a poetas de la Región del Maule, en el año 2003, crea la Agrupación Cultural Chequenlemu, que ha desarrollado una importante labor artística para continuar y enriquecer la tradición de las letras maulinas”. Confieso que las fraternales y harto maratónicas reuniones más bien nocturnas que hemos realizado en la precordillera de Curicó en torno a un fogón, a una botella y a un entusiasmo sin fin por la tontera poética, como gustaba decir a Enrique Villablanca, en los largos y fríos inviernos andinos de estos últimos años, se han constituido en compromisos obligatorios e ineludibles para los integrantes de nuestra entrañable cofradía. Ahí revisamos alegremente, por cierto, poéticas, textos, concursos, jurados, tendencias, manifiestos, etc.; incluso nunca nos ha faltado la oportunidad para hacer sabrosas referencias, académicamente hablando, por supuesto, a más de algún santo que no es precisamente de nuestra devoción.

 

Además, y con esto sí que termino, la Agrupación Cultural Chequenlemu ha creado, al calor de sesudas conversaciones y uno que otro brindis para que las musas del valle nunca nos abandonen, una editorial de poesía llamada, precisamente, Ediciones Chequenlemu, que espero con el tiempo se transforme en una célebre colección que dé muchos títulos, como este primogénito que hoy presentamos a los amables lectores de la región y del país: Jarrón con lirios secos y otras acuarelas.

 

Con ustedes, EAR.

 

Muchas gracias.






Subir
 Referencia
Bernardo González Koppmann.  "Aproximaciones al paisaje íntimo en la poesía de Edgardo Alarcón."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   13 de octubre de 2008.
 <   >
© Derechos Reservados