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Notas
Entrevista a Bernardo González Koppmann II
Entrevista a Bernardo González Koppmann I

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Entrevista a Bernardo González Koppmann I
Marcela Meléndez Muñoz

Profesor de Historia y Geografía, columnista durante años del diario El Centro de Talca, viajero de costa a cordillera, escalador de estrellas y heredero de bosques y avellanas, este poeta nos entrega su personal y entrañable visión del mundo a partir de esta tierra maulina, la tierra en la que canta y ama.

 

 

-          ¿Quién es Bernardo González?

 

-         Es un sujeto irresponsable porque aún cree que la poesía puede cambiar este mundo por otro mejor, en circunstancias que la modernidad y el neoliberalismo vigentes no incluyen al humanismo en sus proyectos de desarrollo. Nací en Talca en 1957, me recibí de Profesor de Estado en Historia y Geografía, y trabajo en el Instituto Superior de Comercio de mi ciudad natal. He publicado algunos libros y recibido reconocimientos en innumerables concursos nacionales de poesía - entre ellos, un tercer lugar en El Mercurio en 1989 -; también he investigado a poetas regionales y escribo de vez en cuando comentarios literarios en la prensa local.

 

-           ¿Qué te motiva a escribir y hacia dónde apunta tu trabajo?

 

-           Pretendo seguir este camino de poeta porque, a pesar de los pesares, nada me proporciona más hartura corporal y espiritual que leer y escribir. Con palabras de Gastón Bachelard quisiera fundamentar mi respuesta: “Las imágenes poéticas viven la plenitud del lenguaje humano. Se las reconoce en su lirismo activo, por una señal íntima: renuevan el corazón y el alma; dan - esas imágenes literarias - esperanza a un sentimiento, vigor especial a nuestra decisión de ser una persona, tonifican incluso nuestra vida física. El libro que las contiene es de súbito para nosotros una carta íntima. Desempeñan un papel en nuestra existencia. Nos vitalizan. Gracias a ellas, la palabra, el verbo, la literatura, ascienden a la jerarquía de imaginación creadora. El pensamiento, al expresarse en una imagen nueva, se enriquece, enriqueciendo a la vez la lengua y, por ende, al sujeto que la emplea”. Y mi trabajo apunta precisamente a dejar por testimonio de vida un puñado de palabras verdaderas que vengan a personalizar un tanto estas relaciones cada día más mercantiles y prostituidas; pretendo romper ese círculo de incomunicación paradójica en un mundo atestado de propaganda banal, publicidad grotesca y mensajes hueros.

 

-          ¿Te agrada tu condición de poeta regional?

 

-         Yo nunca me he propuesto ser poeta “regional”, sino poeta a secas. Pero por origen y, especialmente, por motivos y temática me he ido circunscribiendo a un prototipo de escritor provinciano, rural, maulino, porque adhiero instintivamente a la premisa de Cervantes, Rulfo, García Márquez, Teillier, Barquero, Kavafis y tantos otros que plasman su arte a partir del universo que los circunda, que conocen, aman y embellecen. No se puede elaborar ficciones ignorando la realidad o consumiéndola vulgarmente como depredador o turista. Así he ido recogiendo leyendas, costumbres, gestos, ritos, usos, artesanías, modos, maneras; en fin,  una cultura espontánea pero con perfiles más o menos definidos que han dado en llamar “maulinidad”, y, poco a poco, con estos materiales antropológicos he hurgado en mi propia universalidad subyacente utilizando de preferencia imágenes literarias que elaboro con técnica y paciencia, es decir, con responsabilidad. “Describe tu aldea y serás universal” de Tolstoi o “La única calle de mi pueblo llega a todas partes” de Floridor Pérez son versos que me identifican plenamente. Quisiera agregar que dentro de la tradición poética del Maule existen dos tendencias o escuelas bien asentadas; mi intención - y este es un factor que sí me podría definir como poeta “regional” - ha sido fusionar en un estilo propio, la corriente telúrica descriptiva de González Bastías, Emma Jauch y Efraín Barquero con la línea hermética metafísica de Matías Rafide, valioso poeta cureptano, en un esfuerzo que, amén de la imagen de la realidad objetiva que me subyuga, contenga metáforas o símbolos sensoriales que me permitan desentrañar el ethos del ser maulino. Llamo a mi estilo metadescriptivo.

 

-          ¿Cuál es tu mejor libro y qué representa?

 

-         Mi mejor libro, creo, se llama “Memorias del agua”, publicado en 1999. Son 50 textos que en su conjunto pretenden rescatar el mundo maulino, en su variante ribereña; es decir, las faenas íntimas y cotidianas de los lugareños del ramal, de los caseríos, de los rulos del secano costero; canto sus sueños, frustraciones y realizaciones. Es el país que siempre he habitado y el cual pretendo dignificar a través del arte. Reconozco que es un libro que se fue armando solo; yo escribía de tarde en tarde algunos poemas lentos que apartaba por temática y temple de ánimo, por estructura y lenguaje, los cuales - reunidos con suma parsimonia - vinieron a configurar esta obra que estimo madura porque recoge una cosmovisión autónoma y vernacular. Pájaros, leyendas, aromas silvestres, costumbres, árboles milenarios, creencias, modos genuinos, ceremonias, ritos, conjuros, flores del campo y astros pueblan las páginas de este texto. En tiempos de indefiniciones y ambigüedades yo me atrevo a decir - aunque no sea escuchado sino por piedras y yuyos - quién soy y cómo viven y mueren mis gentes en estos rincones amados.

 

-          ¿Qué conoces sobre la poesía chilena actual y que opinión te merece?

 

-          Hasta hace unos años estaba bastante bien informado de la “poesía chilena actual”, pero hoy por hoy me siento desorientado con tantísima publicación desigual y atolondrada que ha emergido contaminando el ambiente de smog literario. Rescato, sin duda, a Elicura Chihuailaf, Eduardo Llanos, Carmen Berenger, Juan Cameron, algunas cosas de José María Memet, otras de Clemente Riedemann, Diego Maqueira, Tomás Harris, y mucho del poeta talquino Enrique Villablanca por la forma escueta y polisemántica con que trabaja la palabra. Pero extraño una gran voz tutelar que recoja con hondo y largo aliento la herencia de Gabriela Mistral, Huidobro, De Rokha, Neruda, Del Valle, Díaz Casanueva, Parra, Rojas, Lihn o Teillier, poetas inmensos, verdaderos aportes a la lírica continental. Raúl Zurita, sin ser un mal poeta, dista mucho de transformarse en el continuador de esta tradición mayor. A tientas podría decir, aventurando un juicio, que la mejor y más lograda renovación poética de la última década ha venido de la propuesta mapuche y del habla femenina - dos elementos marginales de la cultura y la sociedad chilena - que han sacudido con originalidad y cierto talento la alicaída panorámica de nuestra poesía. Lo demás está por verse; los poetas jóvenes más importantes del país siguen siendo los viejos clásicos no leídos.

 

-           ¿Qué concepto tienes de la cultura oficial y del marketing en el cual se desarrolla?

 

-            La cultura es un ente vivo, orgánico; así, el adjetivo “oficial” es su contradicción más flagrante. Los verdaderos genios del arte y la cultura siempre han sido auténticos revolucionarios, en el sentido que exploran en las canteras del alma y del cuerpo expresiones no manidas o capadas por el conservadurismo; éste sólo tolera y difunde creaciones fuera de contexto, mutilando el carácter rebelde, denunciante y cuestionador, de la obra de arte que sensibiliza al ser humano para que intente otras posibilidades a una existencia que muchas veces se torna monótona y espuria. Miguel Angel, Beethoven, Rimbaud, Cervantes, Picasso, Violeta Parra, Van Gogh, John Lennon, Li Po, Ernesto Cardenal, Federico Gracía Lorca, Miguel Hernández y tantos otros, más allá de un partidismo ideológico absolutamente legítimo, bucearon en las contradicciones no resueltas nuevos sueños y esperanzas para aquellos pueblos atormentados por el tedio y la prepotencia de los ignorantes. Los estados contemporáneos con sus gobiernos circunstanciales en América Latina - nuestro escenario natural - no han podido estructurar una política cultural homogénea porque aún no resuelven sus problemas de sobrevivencia más elemental, planteando erróneamente la dicotomía crecimiento económico versus humanismo como inviable. Si no lo declaran, al menos sus prácticas así lo demuestran; es cosa de ver como sus lineamientos macroeconómicos no dejan espacio para el ocio creativo, porque el paradigma esencial del ultraliberalismo es la mentada productividad. Y los artistas somos vagos, inútiles e improductivos; Neruda dijo que la principal tarea del poeta era “pajarear”. En tal escenario el ejemplo del cantor atrevido, del actor irreverente, del pintor audaz, del fotógrafo lúcido, del pianista consecuente, del escultor inquieto, del cineasta valiente se tornan en conductas peligrosas para una sociedad censuradora e hipócrita; o si no recuerden qué le ocurrió a Víctor Jara por tener un pensamiento de vanguardia.

 

Sobre el uso del marketing en el arte no me pronuncio ni me interesa, porque quien se engaña con maquillajes superfluos es sólo flor de un día y, todos sabemos, la genuina poesía no necesita más propaganda que su propia calidad. 

 

-           ¿Cómo adviertes al poeta del futuro y qué misión debe cumplir?

 

-          Lo advierto preocupado intentando asimilar los medios audiovisuales y ordenadores al trabajo poético, lo veo de vuelta de los ismos, rastreando los motivos y temas esenciales: el ser humano y sus sueños, alejándose definitivamente de la farándula y la sensiblería; profesional; lo percibo crítico, creativo, honesto, buscando con asombro la sabiduría de la naturaleza; lo intuyo todavía capaz de escuchar en el silencio las palabras verdaderas; lo creo consecuente, austero y solidario, siempre incomprendido y marginal, pelando el ajo pero feliz. Ojalá asuma con humildad la realidad, el hecho evidente de ser la fusión extraordinaria de sentimiento y razón, “mezcla rara” diría Piazzola, facultado para percibir imposibles y abandone ya esa actitud vanidosa de iluminado o mártir, y no se empeñe tanto en encontrar el espejismo de la fama, que casi siempre desemboca en los excesos de la depresión y el suicidio. Pienso que el poeta del futuro tendrá la misma misión que tuvieron los pastores de Judea u Homero: cantar las penas y alegrías de un pueblo llano que sigue bregando contra el poder de la fuerza bruta; los juglares, Virgilio o Dante amaban por sobre todo la sencilla poesía de vivir. Sólo han cambiado las formas externas, el ropaje, los electrodomésticos, artefactos, marcas, el uso del tiempo libre; pero el fuero interno del creador, del escritor, inevitablemente ha sido consumido por idénticos anhelos: la vida, la muerte, el amor... El poeta, hoy y siempre, debe insistir en su única e irrenunciable misión: escribir, y escribir bien. El problema de la crisis del libro y de la lectura que por estos días nos afecta, es más bien de carácter político administrativo y debe resolverlo el Estado a través de sus ministerios haciendo más eficientes sus facultades, especialmente en el ámbito educativo. Quien enseñe a leer debe ser el profesor y no el poeta, que ya mucho hace con consagrar su vida a la escritura en un mundo que no alcanza a comprenderlo. Es oportuno precisar las funciones que a cada quien correspondan para evitar malentendidos; por lo demás, en Chile la política nunca ha estado a la altura de la poesía.

 

-         ¿Puede, finalmente, la poesía abstraerse de los acontecimientos que le son contingentes? Y si no es así, ¿qué papel debiese cumplir en dicha circunstancia?

 

-         La contingencia la crean los apetitos y necesidades no resueltas; es objetiva y concreta; está ahí, a la vista, desparramada, caótica, desbocada; existe, te agrede, te insulta, te cuestiona, te exige acción; incluso, la contingencia es provocada por una constitución leguleya retrógrada y por condicionamientos sociales coloniales - “el peso de la noche” - profundamente arraigados en nuestra forma de ser talquino, chileno: la censura, la inseguridad, el pecado, el rumor, el pelambre, el qué dirán, el temor al ridículo, el sentimiento de culpa; todas actitudes paralizantes, conservadoras, que impiden el amplio desarrollo de las facultades intelectuales. Ni los políticos, ni los educadores, ni los credos religiosos, ni la familia tradicional han podido subvertir esta situación de indiferencia y desprecio al cultivo de las artes y las letras. Desde que el mundo es propiedad privada se rige por las bolsas de comercio y no por las metáforas.

 

¿Qué pueden hacer la poesía y los poetas? Persistir, escribir, ser consecuentes; tábanos, como decía Sócrates, en las grupas de los asnos para que se despabilen; permanecer lúcidos, o ser como Teillier “el guardián del mito y del misterio hasta que lleguen tiempos mejores”. La poesía nunca ha cesado de brotar; late, corre, vuela por sobre estatuas, candados, luminosos, uniformes, autoridades civiles y eclesiásticas; es más grande que todos nosotros y, por lo mismo, superior a nuestras minúsculas expectativas. Ella nos involucra, nos trae y nos lleva a su antojo, a su ritmo, a su profundidad; nos manipula y nos abandona cuando quiere o cuando no estamos atento al soplo del espíritu. Es cosa de acercarse desnudos a la belleza para que haga de ti, de mí,  un pelele: al terrible encanto que viene de lo insondable no debemos ofrecer ninguna resistencia. Entonces, en una relación así es imposible abstraerse de los cotidianos cuestionamientos y mensajes del medio circundante natural o artificial; nos sumerge - la poesía - en su propia realidad, nos hace cómplice, nos contagia, nos interpela y, al fin, cuando ya no podemos vivir sin ella, nos utiliza para que extraigamos después de meses, años, siglos, uno o dos versos, a lo sumo un poema, el poema, en el transcurso de toda una vida; y con eso debemos darnos por satisfechos.

 

¿Qué hacer con la hermosura? Cooperemos con ella en el reordenamiento de los elementos primigenios, ampliemos el significado de las cosas, multipliquemos los sentidos, transformemos la muerte en vida y la piedra en pájaro. ¿Acaso no vemos procesiones en el aire? Por ella fuimos jóvenes, aventureros, pequeños dioses; con los pies en el barro, harapientos, encadenados, yacientes, tocamos el cielo con el lápiz; ningún tiempo ni espacio nos fue ajeno...

 

  

RAYUELA, Revista de Cultura Regional,

Año 2, N° 6, Agosto del 2001, Talca - Chile.






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 Referencia
Marcela Meléndez Muñoz.  "Entrevista a Bernardo González Koppmann I."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    6 de enero de 2006.
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