“Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos”
Antonio Gamoneda
El regreso
a Elías Lönnrot
Algún día, cansado, necesitaré refranes
que me lleven de regreso al viejo hogar
como esas fogatas que la luna enciende
en los secretos refugios de la oscuridad
espacios en blanco, horas lentas, que
compensan el vacío de tanto traquetear
Algún día me apoyaré en barandas, puente
que se tiende en la niebla sobre la soledad
El aire se detiene a esperar mis rengueos
tercos huesos, tullidos que no quieren andar
con ellos atravesé el gran silencio, nombres
de aldeas que las ánimas aún suelen tararear
arrastro herramientas llenas de cicatrices:
aromas de semillas que brotan del lugar
Algún día me ovillaré en húmedos legajos
palabras arrumbadas en el galpón de atrás
intemperies que vuelven a soñar piel adentro
con un sorbo de agua cuando la luz se va
Garuga
a Claudio Zúñiga
+2008
Mientras garuga en mi ciudad
las calles van quedando
íntimas, desnudas
reflejando letreros luminosos
focos de autos
pedales diminutos como ojos de gato
como luciérnagas
semáforos
que los boleros no respetan
porque el alma transita en otra voz
Mientras garuga
el pito de la fábrica
se cubre de intemperie
se mojan los techos de las casas
las paredes, las costumbres
y las micros pasan llenas
de rostros desconocidos
de rostros desfigurados por el vaho
tras la ventanilla
En Talca, sin embargo
la garuga es hermosa
las palabras se refugian
bajo los aleros desclavados de los restaurantes
en busca de un aroma, de un sabor
Mientras la tarde gotea de los cables eléctricos
de los árboles
de las alas del último murciélago
haciendo bailar la forma de los charcos
las sombras deshechas regresan al silencio
sobre los adoquines
gastados por las carretelas…
A veces surge de la bruma
la sonrisa de un amigo muerto:
cae tan lento el cielo sobre mi paletó
Esquina con niebla
a M
Esta bruma que ahora me abraza
con su sonrisa de vieja nostalgia
no sé si me conduce a mi casa o a la tuya:
me apoyo en paredes invisibles
después que zurean las torcazas
Es la sombra de una palabra no dicha
pero brilla con los reflejos de los astros
y nunca pareciera estar cansada
Sólo ella me invita a un café
cuando estornudan las sandalias
Verso libre
a Felipe Moncada
Sí; cada palabra
cada letra, cada tilde
carga una despiadada cicatriz
una máscara triste: el canon
Pero, en las alas de una mosca
encuentro la libertad; ese oro
que, a veces, brilla
sobre los anaqueles
Otros superarán este momento
“Para otra vez será”
J. A. Cuevas
Bueno, bueno; en verdad, ya es tarde
Poco a poco he ido a tropezones
descifrando esta rosa marchita
que nos han tirado como piedra encima
de los sueños, del lento oficio que sabíamos
hacer, del gesto y su hermosura
En verdad, no quedan ni recuerdos
cuando vuelvo a los antiguos brezos y
encuentro alambrado el río; un
sombrero nos grita que salgamos al tiro
No queda ni el camino ni la noche; la
apretan contra el cerro. No quedan
ni mis pasos errabundos. Ahora
todo tiene precio: el silencio, el árbol
la palabra, el trueno. Bueno, bueno
en verdad, los hijos han crecido
pronto, de golpe casi, descontentos, tristes…
Y cómo vamos a criarlos, dime, sin que
dejemos de correr, de irnos
cada mañana del primer asombro
del encanto viejo de gorriones nuevos
cómo vamos a contar la historia
que traía al anca un pequeño pueblo
cosas simples: mate, horizonte, versos
que decían junco por decir lucero?
Bueno, bueno; en verdad, ya es tarde
Pichanga
“Fui despertado a tiros
de la infancia más pura”
E. de Nora
Todos jugamos fútbol en la calle
con amigos que parecían pájaros
y que alguna vez volvimos a encontrar
en la feria, en la estación, en un bar
de las afueras, incluso en un nicho
abandonado, donde conversamos
de aquellas bicicletas en el área
de aquella pared con el Quireñe
de aquella adrenalina que duraba
hasta el próximo gol de tole tole
Todos pichangueamos con vecinos
que hoy nos faltan más que las costumbres
ahora que esperamos el momento
que despierte el ciego de la esquina
cantando igual que ayer, en la memoria
de lentos días, de tiempos de arrumacos
cuando en la Uno Sur había zarzamoras
y se podía chapotear en el Piduco
y retozar bajo una manta. Todos
corrimos raudos detrás de la victoria
pero aún nos duele la derrota:
al mejor del barrio sur (*) lo fusilaron…
Ni la pelota nos devolvió la infancia
(*) Germán Castro, Intendente de la Región del Maule ejecutado en septiembre de 1973.
(Los últimos pájaros)
“Avanzamos,
¿no sería mejor retroceder?”
A. Rimbaud
Si te pido que detengas el furgón
en un camino de tierra que huye del frío
sólo para ver morir la tarde en un día de otoño
y así poder decir que atrapamos el cielo
mientras los últimos pájaros se acurrucan en los espinos
mientras brindamos por mi padre muerto
y por la flor de la perdiz
mientras relees un poema de Eino Leino
aunque no esté de moda la nostalgia
ni la rústica cosecha de los lentos medieros
mientras surgen las primeras estrellas
como luciérnagas que bailan en la pisada de un buey
- vieja cicatriz en la memoria del barro -
mientras se divisan la luces opacas de una ciudad
que insiste en olvidar el nombre de las cosas
mientras el parabrisas y los espejos se cubren de rocío
y del sábado ya no queda sino un sabor a caqui
un leve resoplido de caballos que pastan
entonces, podría creer que trajinamos para algo
parecido al silencio cuando se pone el sol
(Pensamientos de Laponia)
a Liisa
Estos colores que nos amparan
en los pedregales más insospechados
que nos hincan, que nos tumban
acaso conduzcan el curso de los peces
el rumbo de los pájaros, al cóndor
huyendo de las nieves risco abajo
estas membranitas tiritando, ínfimas
cuando el día en las arenas se deshace
pétalos de ceniza son, polen, aire
deshojando el tiempo, el sueño
esta
luz bailando contra la dura soledad
del cuarzo, del pedernal tan en su altura
estos pensamientos tan fugaces, contienen
el canto azul de las estrellas…
Mientras
armo la carpa y prendo mi fueguito, lenta
sombra tantea el aroma, el resplandor
(Se nace sin palabras y sin gestos)
Se nace sin palabras y sin gestos
a la intemperie, con el pecho desnudo
quizá dentro de una terma
después de una larga caminata
con los ojos cerrados, olisqueando
los riscos, los follajes
Se nace
con las manos apretadas, tercos
con la impaciencia de la hierba
con la fragilidad del rocío que
nos bautiza; apenas en el vagido
que inaugura las cosas, el tiempo
Se nace después del sufrimiento
de la ceniza que dejó el silencio
después del golpe inesperado de
las pupilas sobre los colores
del calostro sobre la saliva
del azul sobre la fogata
Se nace
en otra tierra con las raíces en los
huesos, con el día en la piel
Versos del jardinero
“Amábamos oír
las frases quebradas del viento”
Wole Soyinka
y yo le digo a las huellas
de tus sandalias, adiós
Para conversar con los árboles
a Pedro
Me han contado que vagaste varios días
de café en café, meditando los Cantos
marcando algunos versos
extrañado por este lento decir
a la siga del tiempo, de la luz, del aire
que deja el silencio entre palabra y palabra
en fin, que te alegró encontrarme después de tantos años
oculto en los rincones del Maule profundo
ahora que no existe la generación del roneo
sobreviviente clandestino
de la máquina de escribir
mas, entero en la breve exposición de las nostalgias
Hermano, para eso escribo
para ángeles cansados como tú
relegados de la forma perfecta
de la belleza extraviada en los andenes
para poder conservar intacto en la distancia
ese ademán de jinete cruzando las neblinas
mientras Venus copula detrás de los cuarteles
Estás solo, me dicen, rodeado de transeúntes y palomas
leyendo en otro idioma la condición humana
estás solo, solo, con un libro raro entre tus manos
y yo, acá, conversando con los árboles
Las hormigas
Mejor mirar cómo suben y bajan las hormigas
desde la fruta pudriéndose al oscuro refugio
donde el ciruelo almacena sus días de sol
mejor irse en el aire, en las nubes, en las hojas
que regresan a la lenta humedad del huerto
como una golondrina a su viejo verano
Mejor traquetear la soledad de los caminos
Alguien se alegrará con verte pasar, con saludarte
con preguntarte cómo andan las cosas en el pueblo
alguien que creíamos lejos hace ya tantos años
y que todavía anda cojeando entre las cañas
quebrando choclos, arrancando correhuela
alguien que no olvidó tu terca costumbre de
emboscarte detrás de las ovejas, y que espera
le cantes como entonces “Gorrioncillo pecho
amarillo”;
alguien que nos protege o nos
pena al vadear un recodo, al atizar el fuego
al oír sus recados cuando cae la tarde, aunque
sabemos bien que los muertos no hablan
Mejor volver a casa, al cuarto abandonado
y dormir sin temores, y leer y soñar con
montañas azules que alguna vez trepamos
- conejito espantado, caiquén, zorro, lagarto -
Mejor andar silbando de zanjón en zanjón
Quizá encuentre ahora lo que había perdido:
la manera que tienen de afanar las hormigas
Paseo en bicicleta
“El Nómada no se ha movido
Es el tiempo el que pasa”
Tomás Segovia