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Castellano
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Ricardo Opazo. Selección de poemas.
13 Poemas de Memorias del Bardo Ciego
Tributo a las cenizas
Rodrigo Arroyo. Selección de Poemas
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“18 Canciones de la Patria Amarga”, de Yannis Ritsos
Jorge González Bastías (1879-1950). Selección de poemas.

Poesía : Castellano

Versión impresora


13 Poemas de Memorias del Bardo Ciego
Por Ivo Maldonado

 

“Todo era verdad bajo los árboles,

todo era verdad. Yo comprendía

todas las cosas como se comprende

un fruto con la boca, una luz con los ojos”

 

Antonio Gamoneda

 

 

 

El regreso

                                   a Elías Lönnrot

 

 

Algún día, cansado, necesitaré refranes

que me lleven de regreso al viejo hogar

como esas fogatas que la luna enciende

en los secretos refugios de la oscuridad

espacios en blanco, horas lentas, que

compensan el vacío de tanto traquetear

 

Algún día me apoyaré en barandas, puente

que se tiende en la niebla sobre la soledad

El aire se detiene a esperar mis rengueos

            tercos huesos, tullidos que no quieren andar

con ellos atravesé el gran silencio, nombres

de aldeas que las ánimas aún suelen tararear

arrastro herramientas llenas de cicatrices:

aromas de semillas que brotan del lugar

 

Algún día me ovillaré en húmedos legajos

palabras arrumbadas en el galpón de atrás

intemperies que vuelven a soñar piel adentro

con un sorbo de agua cuando la luz se va

 

 

Garuga

                   a Claudio Zúñiga

                                                            +2008

 

 

Mientras garuga en mi ciudad

las calles van quedando

íntimas, desnudas

reflejando letreros luminosos

focos de autos

pedales diminutos como ojos de gato

como luciérnagas

semáforos

que los boleros no respetan

porque el alma transita en otra voz

Mientras garuga

el pito de la fábrica

se cubre de intemperie

se mojan los techos de las casas

             las paredes, las costumbres

y las micros pasan llenas

de rostros desconocidos

de rostros desfigurados por el vaho

tras la ventanilla

En Talca, sin embargo

la garuga es hermosa

las palabras se refugian

bajo los aleros desclavados de los restaurantes

en busca de un aroma, de un sabor

Mientras la tarde gotea de los cables eléctricos

de los árboles

de las alas del último murciélago

haciendo bailar la forma de los charcos

las sombras deshechas regresan al silencio

sobre los adoquines

gastados por las carretelas…

A veces surge de la bruma

la sonrisa de un amigo muerto:

cae tan lento el cielo sobre mi paletó

 

 

Esquina con niebla

                                   a M

 

 

             Esta bruma que ahora me abraza

con su sonrisa de vieja nostalgia

no sé si me conduce a mi casa o a la tuya:

me apoyo en paredes invisibles

después que  zurean las torcazas

Es la sombra de una palabra no dicha

pero brilla con los reflejos de los astros

y nunca pareciera estar cansada

Sólo ella me invita a un café

cuando estornudan las sandalias

 

         

            Verso libre

                        a Felipe Moncada

 

 

Sí; cada palabra

cada letra, cada tilde

carga una despiadada cicatriz

una máscara triste: el canon

Pero, en las alas de una mosca

encuentro la libertad; ese oro

que, a veces, brilla

sobre los anaqueles

 

 

            Otros superarán este momento

                                               “Para otra vez será”

           J. A. Cuevas

 

 

Bueno, bueno; en verdad, ya es tarde

Poco a poco he ido a tropezones

descifrando esta rosa marchita

que nos han tirado como piedra encima

de los sueños, del lento oficio que sabíamos

hacer, del gesto y su hermosura

En verdad, no quedan ni recuerdos

cuando vuelvo a los antiguos brezos y

encuentro alambrado el río; un

sombrero nos grita que salgamos al tiro

No queda ni el camino ni la noche; la

apretan contra el cerro. No quedan

ni mis pasos errabundos. Ahora

todo tiene precio: el silencio, el árbol

la palabra, el trueno. Bueno, bueno

en verdad, los hijos han crecido

pronto, de golpe casi, descontentos, tristes…

Y cómo vamos a criarlos, dime, sin que

dejemos de correr, de irnos

cada mañana del primer asombro

del encanto viejo de gorriones nuevos

cómo vamos a contar la historia

que traía al anca un pequeño pueblo

cosas simples: mate, horizonte, versos

que decían junco por decir lucero?

Bueno, bueno; en verdad, ya es tarde

 

 

Pichanga

                     “Fui despertado a tiros

              de la infancia más pura”

                                                                  E. de Nora

 

 

Todos jugamos fútbol en la calle

con amigos que parecían pájaros

y que alguna vez volvimos a encontrar

en la feria, en la estación, en un bar

de las afueras, incluso en un nicho

abandonado, donde conversamos

de aquellas bicicletas en el área

de aquella pared con el Quireñe

de aquella adrenalina que duraba

hasta el próximo gol de tole tole

Todos pichangueamos con vecinos

que hoy nos faltan más que las costumbres

ahora que esperamos el momento

que despierte el ciego de la esquina

cantando igual que ayer, en la memoria

de lentos días, de tiempos de arrumacos

cuando en la Uno Sur había zarzamoras

y se podía chapotear en el Piduco

y retozar bajo una manta. Todos

corrimos raudos detrás de la victoria

pero aún nos duele la derrota:

al mejor del barrio sur (*) lo fusilaron…

Ni la pelota nos devolvió la infancia

                                              

(*) Germán Castro, Intendente de la Región del Maule ejecutado en septiembre de 1973.

 

 

(Los últimos pájaros)

                                        “Avanzamos,

                                                                                ¿no sería mejor retroceder?”

               A. Rimbaud

 

 

Si te pido que detengas el furgón

en un camino de tierra que huye del frío

sólo para ver morir la tarde en un día de otoño

y así poder decir que atrapamos el cielo

 

mientras  los últimos pájaros se acurrucan en los espinos

mientras brindamos por mi padre muerto

y por la flor de la perdiz

mientras relees un poema de Eino Leino

aunque no esté de moda la nostalgia

ni la rústica cosecha de los lentos medieros

mientras surgen las primeras estrellas

como luciérnagas que bailan en la pisada de un buey

- vieja cicatriz en la memoria del barro -

mientras se divisan la luces opacas de una ciudad

que insiste en olvidar el nombre de las cosas

mientras el parabrisas y los espejos se cubren de rocío

y del sábado ya no queda sino un sabor a caqui

un leve resoplido de caballos que pastan

 

entonces, podría creer que trajinamos para algo

parecido al silencio cuando se pone el sol

 

 

(Pensamientos de Laponia)

                                             a Liisa

 

 

Estos colores que nos amparan

en los pedregales más insospechados

que nos hincan, que nos tumban

acaso conduzcan el curso de los peces

el rumbo de los pájaros, al cóndor

huyendo de las nieves risco abajo

 

estas membranitas tiritando, ínfimas

cuando el día en las arenas se deshace

pétalos de ceniza son, polen, aire

deshojando el tiempo, el sueño

                                                     esta                

luz bailando contra la dura soledad

del cuarzo, del pedernal tan en su altura

estos pensamientos tan fugaces, contienen

el canto azul de las estrellas…

                                                        Mientras

armo la carpa y prendo mi fueguito, lenta

sombra tantea el aroma, el resplandor

 

 

(Se nace sin palabras y sin gestos)

 

 

            Se nace sin palabras y sin gestos

a la intemperie, con el pecho desnudo

quizá dentro de una terma

después de una larga caminata

con los ojos cerrados, olisqueando

los riscos, los follajes 

  Se nace

con las manos apretadas, tercos

con la impaciencia de la hierba

con la fragilidad del rocío que

nos bautiza;  apenas en el vagido

que inaugura las cosas, el tiempo

 

Se nace después del sufrimiento

de la ceniza que dejó el silencio

después del golpe inesperado de

las pupilas sobre los colores

del calostro sobre la saliva

del azul sobre la fogata        

    Se nace

en otra tierra con las raíces en los

huesos, con el día en la piel

 

 

             Versos del jardinero

                                   “Amábamos oír

                                                                     las frases quebradas del viento”

                                                                                                             Wole Soyinka

 

 

Desde temprano en la huerta

escarbo los yuyo nuevos

con la poruña mojada

silbando airecitos viejos

 

Estuve de sol a sol

desmalezando las melgas

aguardando que brotaran

azulillos en mis penas

 

Estuve lunas enteras

arrancando correhuelas

por ver si acaso prendían

nomeolvides en las piedras

 

Estuve ya no sé cuánto

sentado en el paradero

soplando diente de león…

Y todavía te espero

 

Te quiero, dice la rosa

Te quiero, el nardo responde

y yo no sé qué decir

cuando abotona tu nombre

 

Mujer carita de luna

cintura de teatina

raleando varas de juncos

me duelen hasta las rimas

 

Hizo el pájaro en la rama

su canastito de trinos

y usted en mi pecho hizo

un manojo de suspiros

 

(Cruzando por el atajo

me asaltan los pensamientos:

será verdad la mentira

me sueñas como te sueño?)

 

Si regresaras al pueblo

con tu vestido celeste

las toscas se harían lirios

y los terrones, claveles

 

Estuve toda la vida

entre chamicos y cardos

preguntándole a la pala

por el rumbo de sus pasos

 

Adiós me dicen las nubes

las hojas secas, el sol

            y yo le digo a las huellas

de tus sandalias, adiós

 

 

Para conversar con los árboles

                                                          a Pedro

 

 

Me han contado que vagaste varios días

de café en café, meditando los Cantos

marcando algunos versos

extrañado por este lento decir

a la siga del tiempo, de la luz, del aire

que deja el silencio entre palabra y palabra

en fin, que te alegró encontrarme después de tantos años

oculto en los rincones del Maule profundo

ahora que no existe la generación del roneo

sobreviviente clandestino

de la máquina de escribir

mas, entero en la breve exposición de las nostalgias

Hermano, para eso escribo

para ángeles cansados como tú

relegados de la forma perfecta

de la belleza extraviada en los andenes

para poder conservar intacto en la distancia

ese ademán de jinete cruzando las neblinas

mientras Venus copula detrás de los cuarteles

Estás solo, me dicen, rodeado de transeúntes y palomas

leyendo en otro idioma la condición humana

estás solo, solo, con un libro raro entre tus manos

y yo, acá, conversando con los árboles

 

 

Las hormigas

 

 

Mejor mirar cómo suben y bajan las hormigas

            desde la fruta pudriéndose al oscuro refugio

donde el ciruelo almacena sus días de sol

 

mejor irse en el aire, en las nubes, en las hojas

que regresan a la lenta humedad del huerto

como una golondrina a su viejo verano

 

Mejor traquetear la soledad de los caminos

 

Alguien se alegrará con verte pasar, con saludarte

con preguntarte cómo andan las cosas en el pueblo

 

alguien que creíamos lejos hace ya tantos años

y que todavía anda cojeando entre las cañas

quebrando choclos, arrancando correhuela

alguien que no olvidó tu terca costumbre de

emboscarte detrás de las ovejas, y que espera

le cantes como entonces “Gorrioncillo pecho

amarillo”;

                       alguien que nos protege o nos

pena al vadear un recodo, al atizar el fuego

al oír sus recados cuando cae la tarde, aunque

sabemos bien que los muertos no hablan

 

Mejor volver a casa, al cuarto abandonado

y dormir sin temores, y leer y soñar con

montañas azules que alguna vez trepamos

- conejito espantado, caiquén, zorro, lagarto -

 

Mejor andar silbando de zanjón en zanjón

 

Quizá encuentre ahora lo que había perdido:

la manera que tienen de afanar las hormigas

 

 

             Paseo en bicicleta

                                   “El Nómada no se ha movido

                                                                      Es el tiempo el que pasa”

                                                                                                   Tomás Segovia

                               

 

            Atravieso la niebla en bicicleta

y llego a un pueblo arrebozado

por las costumbres de sus lanas

donde todavía la luna llena

amasa churrascas bajo lo árboles

donde silban los carreteros

romances de hace quinientos años

donde las totoras se trenzan

para sillas que encargan forasteros

y se respeta el vuelo de las garzas

porque se comen los ratones

Creo que pasaré de largo

toda la vida de las cosas que amo

como este pueblo sin nombre

que me abre sus puertas

igual que las alas de un gallo

cuando el sueño de los amantes

apaga las últimas estrellas

            Dejo atrás la memoria, la nostalgia

y ya, parado, en los pedales

respiro el horizonte

 

 

Carta al silencio

                         “Yo soy vieja como las piedras para oírte”

                                                                                                                        G. Mistral

 

 

Insisto en las palabras que alguna vez usamos

cuando todo cabía en un simple refrán

en la estación del pueblo aguardaba a la luna

aquella muchachita que sabía soñar

 

Hace ya tanto tiempo que venimos hablando

de las cosas que un día quisimos conservar

mas, se fueron en polvo por el aire, en ceniza

en óxido, en hollín, en escombros, en sal

 

para dejarnos otros, distintos, en un cruce

por si acaso pasaba un bus o un alazán…

Así vamos temblando detrás de las ausencias

por las grandes ciudades con un simple morral

 

No volverán los astros que nos robó la niebla

ni el candor invisible del fugaz amancay?

No volverán los labios para leer el salmo

de una botella en celo oculta en el desván?

 

Ni los ojos que andan por lentos horizontes

buscando algún recuerdo que nos haga silbar

ni las chalas que se iban de madrugada al monte

a recoger quireñes, a olisquear soledad:

 

soledad del sendero, soledad de los bosques

soledad de los cielos y soledad del mar?

Las sombras esta noche tantean las costumbres

se sientan en el suelo y empiezan a canta






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 Referencia
Por Ivo Maldonado.  "13 Poemas de Memorias del Bardo Ciego."  Cantos del Bastón. Ed. Bernardo González Koppmann. Talca, Chile: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   11 de junio de 2010.
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