a Pedro
Me han contado que vagaste varios días
de café en café, meditando los Cantos
marcando algunos versos
extrañado por este lento decir
a la siga del tiempo, de la luz, del aire
que deja el silencio entre palabra y palabra
en fin, que te alegró encontrarme después de tantos años
oculto en los rincones del Maule profundo
ahora que no existe la generación del roneo
sobreviviente clandestino
de la máquina de escribir
mas, entero en la breve exposición de las nostalgias
Hermano, para eso escribo
para ángeles cansados como tú
relegados de la forma perfecta
de la belleza extraviada en los andenes
para poder conservar intacto en la distancia
ese ademán de jinete cruzando las neblinas
mientras Venus copula detrás de los cuarteles
Estás solo, me dicen, rodeado de transeúntes y palomas
leyendo en otro idioma la condición humana
estás solo, solo, con un libro raro entre tus manos
y yo, acá conversando con los árboles